8 errores que te impiden bajar la barriga

8 errores que te impiden bajar la barriga

Si deseas eliminar la grasa abdominal y no sabes cómo, conocer los malos hábitos es una excelente idea. Ellos son, en gran medida, los culpables de dicha acumulación de grasa en esa zona y los que hacen tan difícil sacarla de ahí.

1. El consumo de refrescos


Los refrescos están creados para ser adictivos. Con enormes cantidades de azúcar, su consumo está directamente asociado a la obesidad.
Si bien optar por las versiones dietéticas te ahorra las calorías, lo cierto es que estas no son más beneficiosas para tu salud.

2. La ausencia de probióticos


La flora intestinal es una de las partes más importantes que tenemos dentro. Pero no siempre obtiene el reconocimiento que merece. Esta comunidad de bacterias, también conocida como microbiota, nos afecta desde el hambre hasta las emociones o la toma de decisiones.
Para evitar un desbalance que acabe en acumulación de grasa abdominal, los probióticos representan grandes aliados. Entre ellos, tenemos el yogur, que además de ser delicioso en su versión de frutilla, controla nuestras bacterias intestinales y fortalece la salud.

3. El sedentarismo

¿Te la pasas el día entero frente a la televisión comiendo patatas fritas? Pues deberías cambiarlo si deseas eliminar la grasa abdominal. ¡No hace falta decirle adiós a la televisión! Tan solo deberías abandonar el sillón.

Como sabrás, la comida que ingerimos nos da calorías. Esas calorías se convierten en energía cuando estamos activos. Mientras más nos movemos, más convertimos a esas calorías en energía y evitamos que se conviertan en reservas de grasa en el abdomen.

4. No planificar las comidas

Seamos sinceros: no es fácil desarrollar el autocontrol. Planificar es la clave. Cuando vayas de compras la próxima vez, no compres comida chatarra, sino comida saludable. Si al abrir la heladera te encuentras chocolates, las cosas no irán bien y lo sabes. En cambio, si solo encuentras fruta, tienes dos opciones: o comes la fruta o no comes.
También es una buena idea crear un plan semanal de comidas. De esa forma, sabrás cuándo comerás qué y evitas la ansiedad. Si sabes que el viernes te toca comer pollo, las posibilidades de que corras a McDonalds el miércoles son menores. Tan solo debes esperar dos días. En cambio, si tu dieta es «comer fruta el resto de mi vida», las posibilidades de un atracón con comida chatarra se renuevan cada 5 minutos.

5. El exceso de dulces


Muchos de nosotros comemos dulces a diestra y siniestra todo el día. El tema con ellos es que, incluso al consumirlos con moderación, nos hacen mucho daño, pues contienen demasiada azúcar.
¿Los eliminarás de tu dieta? No debes llegar a ese extremo, pero moderar el consumo es una buena idea para reducir la grasa abdominal.

6. Comer muchas frituras


Tal como sucede con los dulces o el refresco, las frituras nos resultan adictivas. Si has tenido la suerte de comer pollo frito en KFC, me entenderás a la perfección. Pero no solo hablamos de pollo frito, también hablamos de patatas fritas, croquetas y empanadas.
Por su forma de ser cocinadas, las frituras tienen demasiadas grasas trans, que son las peores y las más difíciles de eliminar. Si bien son extremadamente disfrutables, representan un esfuerzo que debemos hacer si en verdad deseamos recudir la barriga.

7. Abusar de las colaciones

Todos tenemos un amigo que con la excusa de las colaciones se la pasa el día entero comiendo. Si «ese amigo» eres tú, tal vez quieras afinar un poco la puntería. Las colaciones son útiles y son buenas tanto para la salud como para perder peso. Pero hablamos de colaciones saludables y moderadas, ¡no se vale estar el día entero comiendo snacks!
Lo importante en estos casos es tener en cuenta que cada comida que consumes, te aporta calorías. Si esa comida tiene pocas calorías y te sirve para calmar el hambre y poner en funcionamiento tu sistema digestivo, es saludable. Pero si te aporta 800 calorías y te da ganas de comer más y más, deberías evitarla.

8. Asociar las emociones con la comida


Un error común que muchos cometemos es asociar la comida con las emociones. Si cada vez que miras Netflix comes palomitas de maíz, terminarás asociado las palomitas con disfrutar de una serie. Con el tiempo, esto se volverá automático: ver una serie, comer palomitas.
Claro, en el caso de las palomitas tal vez no sea tan malo porque son bastante sanas si no las llenamos de mantequilla o caramelo. Pero si asocias las buenas emociones con frituras o alimentos ultraprocesados, las cosas pueden no salir tan bien.
Como los alimentos actúan sobre nuestro centro de recompensas, asociar elementos a nivel cerebral es mucho más fácil que eliminar las conexiones. Además, mientras más tiempo dura la conexión, más se fortalece. Por eso, los malos hábitos son tan fáciles de adquirir y tan difíciles de quitar, sobre todo cuando son hábitos que hemos tenido durante años y años.

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