¿Por qué no somos perfectos?

¿Por qué no somos perfectos?

Mis discusiones con Jaia:
A menudo uno discute con la esposa. Cosa eminentemente natural. Si siempre coincidiéramos en todo, la vida sería un infierno.
A menudo, por supuesto, Jaia -así se llama mi cónyuge- me hace notar mis defectos.
Entonces pienso, pienso cómo defenderme, y finalmente, después de haber revisado toda mi biblioteca de filosofía, in mente, le digo: -¿y qué querés, che? Nadie es perfecto...
Y es así como uno zafa, y la discusión termina porque no tiene más de qué alimentarse.
No, no somos perfectos:
Y yo les digo la verdad, si supiéramos, en serio, que nadie es perfecto, probablemente la vida sería más dulce. No sin discusiones, repito, porque sería un infierno de aburrimiento, pero con menos ferocidad.

Este concepto de nuestra imperfección merece ser ahondado.
Atendamos a las reflexiones de Ortega y Gasset sobre este tema, el de la perfección:
"Esta palabra perfecto arrastra un equívoco fundado en su etimología. Perfecto es originariamente lo concluído, lo acabado, lo finito; luego significa también lo que contiene todas las virtudes y las gracias propias a su condición, lo insuperable. Hay pues una perfección que se conquista a fuerza de limitarse".
Lo perfecto es lo concluido y cuando decimos que, por ejemplo, esta pieza teatral que vimos es perfecta, decimos que no podría ser de otra manera que lo que es; nada se le puede quitar, nada se le puede agregar. Lo perfecto sería el camino delineado. Lo imperfecto, el camino se hace al andar, imprevisible, vital, sorpresivo. Perfectas son las máquinas, las cosas, y los animales en estado natural. Son todo lo que son. Sale la vasija de manos del alfarero y es todo lo vasija que esa vasija, según determinación de su hacedor, puede ser.
Nace el potrillo, y al rato ya está parado, y al rato ya está realizando el programa caballar que está ínsito en él.
El hombre es im-perfecto. No está concluido. Nace y debe hacerse, construirse, darse una identidad.
De la imperfección brota la libertad. De la libertad, la fantasía, la imaginación. Ni yo soy ni el mundo es.
Lo voy haciendo mientras me va haciendo, interminablemente.
Jaime Barylko
 

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